No quiero morirme perdido entre las luces de esta ciudad
que tanto amo
prefiero en un cementerio baldío
arrancarme los ojos
y tirárselos a lobos
y luego caminar por las calles dando tumbos
borracho de tristeza
ebrio de soledad
y al llegar a la puerta de la eternidad
sin más preámbulo que una lágrima
suicidarme